En las sombras donde la memoria del mundo se desvanece, existe una verdad que la humanidad prefiere olvidar: algo más antiguo que la vida misma acecha en silencio. Cuando las civilizaciones se vuelven arrogantes, ciegas ante su propia fragilidad, este ente ancestral-responsable de más muertes que todas las guerras combinadas-despierta.
Su nombre resuena como un susurro venenoso: Virus.
Desde el vacío absoluto, una presencia sin forma observa. Sus manos emergen de la nada, sosteniendo una diminuta mota brillante-una creación destinada a desatar el caos. Y luego... te mira directamente. Porque tú, lector, al inhalar estas palabras, ya has sido tocado por su presencia.
La criatura cae en la oscuridad infinita, perdiendo todo: nombre, alma, forma. Despierta sin cuerpo, flotando en un abismo de ausencia. Hasta que una luz cegadora la arrastra hacia... algo más.
Los ojos se abren. Hay tierra húmeda. Árboles densos. Y un reflejo imposible en el charco: orejas redondeadas, dientes salientes, ojos negros y brillantes.
Un ratón.
Pero eso no es todo lo que ha despertado. Una voz mecánica invade su mente, catalogando poderes prohibidos: Dominación. Replicación. Infectividad. Devorar. Es entonces cuando la horrible verdad se revela-no es el ratón. Es lo que habita dentro.